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HISTORIA

El Rosario, con un perímetro de 32.962 metros y 39,42 kilómetros cuadrados de extensión, es la «manta» que abriga a los diferentes y variopintos barrios y localidades, distantes 15 kilómetros de Santa Cruz, la Capital de Tenerife. El corazón del municipio es La Esperanza, un enclave particular, tradicional y añejo diferente a los demás pueblos de la Isla. En él han sucedido historias a lo largo de los tiempos, dignas de narrar con detalle. Los habitantes de El Rosario, que celebran la festividad de su patrona, Nuestra Señora de El Rosario, el 7 de octubre, son, hoy en día, los herederos de un pasado rico, que nunca debe pasar desapercibido, y los actores principales -los protagonistas- de la historia del municipio que se redacte, con letras de oro, en el futuro.

BREVE RESEÑA

El nombre de este municipio está íntimamente vinculado con el de La Esperanza. El estudioso Madoz, en su célebre «Diccionario», bajo esa voz dice que «con este nombre es también conocida la villa de El Rosario».

Lugar habitado por los aborígenes, debe su denominación a la esperanza con que los castellanos que lograron escapar de la batalla de Acentejo divisaron, desde un monte, el campamento instalado en Añaza.
Alonso Fernández de Lugo, una vez concluida la conquista de La Palma, inicia en 1494 el sometimiento de Tenerife. Cuando sus tropas desembarcan en la Isla, intenta pactar con los distintos menceyes y logra la adición del reyezuelo de Güímar. Bencomo, que representa a los caudillos aborígenes, no acepta el vasallaje del advenedizo, lo que da pie a la primera batalla de Acentejo, que finaliza con la matanza de unos seiscientos castellanos, además de doscientos canarios aliados.

Es entonces, en su huida, cuando los conquistadores, incluido su jefe supremo, divisan desde el monte el campamento costero.

No acaban aquí las refriegas, ya que Fernández de Lugo consigue refuerzos en la Corte y plantea un combate en Aguere, que supone la muerte de cerca de dos mil aborígenes. En Acentejo, nuevamente, se libra la batalla definitiva.

En 1496 finaliza la empresa militar y La Laguna es elegida por el Adelantado como sede de gobierno, circunstancia que se prolonga hasta el siglo XIX, cuando Santa Cruz se alza con la capitalidad insular.

Mientras, La Laguna es el verdadero eje político y cultural de Tenerife.

Tras la conquista, estas tierras esperanceras fueron destinadas a lugares de cultivo de los señores que habitaban en La Laguna. Se dio la peculiaridad de que aquí se dedicaron terrenos a la hierba pastel (de la que se obtenía el color azul), primera alternativa a la política cerealista del Adelantado.

Desde los inicios del poblamiento, existió una modesta ermita consagrada a La Esperanza, que luego la familia Coronado sustituiría por una nueva edificación, a mitad del siglo XVI, dedicada a San Juan Evangelista. También desde esos instantes hay aquí alcalde real.

La Ermita del Rosario, en Machado, es temprana y centro de la devoción a San Amaro y a la Virgen. La creencia de las gentes y su fidelidad a los centros religiosos origina durante años el levantamiento de otras ermitas en el término municipal.

El 18 de noviembre de 1929, el obispo de Tenerife Fray Albino Menéndez Reigada, proclama parroquia a la antigua ermita de Ntra. Sra. de La Esperanza. Se cumple así un viejo anhelo de los vecinos, que habían demandado reiteradamente la separación de la Matriz de La Concepción y la previsión de un curato. A partir de ese momento, todos los esfuerzos de la feligresía estarán encaminados a la construcción de un templo más amplio.

En cuanto a los bienes muebles, la práctica totalidad se encuentran en los recintos religiosos del municipio, a excepción de un conjunto de actas municipales de finales del siglo pasado y principios de éste, concretamente desde 1874 a 1934, que se hallan depositadas en el Archivo Municipal.

 

En 1813 se obtiene la municipalidad, con capital en La Esperanza -el título se otorga el 21 de Noviembre de1964.

El primer juzgado se creó en 1870 y la bandera municipal fue aprobada recientemente, 29 de julio de 1999 por la Consejería de la Presidencia del Gobierno de Canarias a instancias del pleno de la Corporación Local de El Rosario.

En los años 70, El Rosario cede gran parte de su territorio y habitantes a la Capital insular, por lo que pierde una gran parte de su población en beneficio de Santa Cruz.

Con estos breves trazos podría quedar resumida la historia del municipio. De la época reciente, desde 1813, bastantes datos se conocen de El Rosario. No así de los momentos anteriores y prehistóricos. Pero para entender la vida de esta zona de la Isla, es preciso profundizar en los orígenes de Tenerife, de las Islas Canarias.